domingo, 19 de noviembre de 2017

¿Cuántos caballos tiene tu computadora?

La primera vez que el hombre se subió a un caballo descubrió algo prodigioso: que, gracias a él, conseguía llegar a cualquier lugar antes que los demás. En principio, este hecho no le pareció muy relevante, pero poco a poco se fue dando cuenta de las enormes ventajas que esa mayor velocidad respecto al resto de los humanos iba a proporcionarle: podía ganar más tiempo, podía atacar más rápido, podía llegar más lejos…

En definitiva, podía hacer más cosas y más deprisa.

Fue entonces cuando nuestra especie estableció la relación directa entre velocidad y poder. Un poder objetivo (las batallas las ganan quienes tienen más caballeros) y un poder simbólico (quien va a caballo está por encima de los demás). Así, el caballo, durante gran parte de nuestra historia, representó la cumbre de la rapidez y el estatus sobre la tierra.

Fue con la llegada de la industria del vapor cuando los equinos perdieron su hegemonía. La lógica que habían propiciado (domina el más veloz) acabó con ellos al ser sustituidos por las locomotoras primero y por los automóviles después.

Pero si los caballos casi se han extinguido, su mensaje, instaurado durante tantos siglos en nuestro inconsciente colectivo, continúa impoluto. Incluso más que antes, pues la disputa por una mayor rapidez se acabó generalizando en todos los medios de transporte.

Primero entre trasatlánticos, como el famoso Normandie ilustrado por Cassandre, que competía por ganar un nudo de velocidad respecto a sus competidores. Una obsesión en la que se invirtieron billones de dólares y que se vino debajo de golpe con la llegada de la industria aeronáutica.

En tierra, los coches comenzaron a competir entre sí en carreras organizadas, ante la certeza, por parte de sus fabricantes, de que el valor de cada marca estaría relacionado con su velocidad punta. Un sinsentido que nos sigue acompañando hoy en día, pues continuamos fabricando coches que poseen muchos más «caballos» de los que necesitan.

Ahora, la carrera por la velocidad se ha digitalizado. Ya no se trata de cuál es el caballo más rápido, sino cuál es el procesador más veloz. Y tampoco importa el trasatlántico que antes llegue a Nueva York (recordemos el Titanic) o el avión que lo haga en menos horas (recordemos el Concorde).

Las nuevas competiciones tienen que ver con la conexión en internet: la de descarga, la de subida, la de respuesta… Y lo curioso es que, con ellas, hemos entrado de nuevo en esa pugna en la que el ganador es el que llega antes, ya que con ello obtiene información, estatus y poder.

Un poder que consiste, en esencia, en saber las cosas un instante antes que los demás. Pero con eso es suficiente. Con eso ganas al enemigo en la contienda o a tu competidor en los negocios.

No importa a dónde nos lleve la tecnología cuántica, si alcanzaremos la velocidad de la luz o si la superaremos. Lo que cuenta es que al final, con cada nuevo avance, volveremos a sentir lo mismo de siempre: aquello que percibió el hombre hace milenios cuando, por primera vez, un caballo salvaje comenzó a galopar bajo sus piernas.






sábado, 18 de noviembre de 2017

Impresionantes y fascinantes imágenes







La moda en el transporte público es bastante extraña...







En el deporte Ruso una de las mejores partes son sus animadoras







Automóviles involucrados en los accidentes mas extraños...







Todo lo que Internet necesita son animales...






Humor autorizado







3 razones por las que deberías alejar el teléfono de tu cama

Son varias las autoridades, desde médicos hasta bomberos o cirujanos estéticos, que alertan del peligro que conlleva llevarnos a la cama a nuestro amiguito, el móvil. Di adiós al teléfono en tu habitación y vuelve al despertador de toda la vida. Aquí, tres de peso:


1. Es el mayor enemigo del sueño
Los ingresos en los centros de salud por tratamientos de desórdenes del sueño han aumentado una media del 12% cada año desde 2008. Son datos de la Fundación Nacional del Sueño de Estados Unidos, pero extrapolables a todos los países en los que el smartphone se ha convertido en un invitado perenne en el dormitorio: el 70% de los españoles lo usa como despertador.

En España, ocho de cada diez personas no lo dejan apagado o en modo avión mientras duermen, lo que genera un estado de hipervigilancia que no permite descansar correctamente. Y todo porque su luz azul informa erróneamente a nuestro organismo de que es de día y, en lugar de producir melatonina (la hormona del sueño), aumenta los niveles de cortisol (la hormona de la vigilia... y del estrés).

2. Aumenta el riesgo de incendio, sobre todo para niños y adolescentesUn cuerpo de bomberos estadounidense ha lanzado la voz de alarma: el 53% de los niños y adolescentes cargan el móvil o la tablet bajo la almohada, lo que impide que el calor generado se disipe. Las fotos de una cama en la que el incendio se pudo controlar a tiempo deberían ayudarnos a tomar la decisión...

3. Acelera el envejecimiento
Desde hace años, los médicos estéticos están advirtiendo que el abuso del móvil genera arrugas prematuras en el cuello y aumenta el doble mentón debido a la postura que nos obliga a adoptar, por no hablar de los efectos sobre la epidermis de esas pantallas llenas de gérmenes. Según un estudio del Departamento de Microbiología de la Universidad de Barcelona, tu móvil puede alojar hasta 600 bacterias, ¡30 veces más que las que hay en la taza del WC!




Tener un perro reduce el riesgo de muerte por cualquier causa

Las enfermedades cardiovasculares constituyen, con cerca de 17,5 millones de decesos solo en 2012, la primera causa de mortalidad global. De hecho, y según las estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), estas patologías se encuentran detrás de casi uno de cada tres fallecimientos que se registran en el mundo. Concretamente, son responsables del 31% de las muertes que acaecen en el planeta, y parece que su impacto futuro será incluso mayor. Pero, ¿qué se puede hacer para reducir estas cifras? Pues básicamente, adoptar una vida saludable. Pero aún hay más. Parece que tener un perro ayuda, y mucho, a reducir esta mortalidad cardiovascular. Y es que según concluye un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Uppsala (Suecia), las personas que poseen un perro tienen un riesgo notablemente inferior de desarrollar una de estas patologías y, lo que es incluso más importante, de morir por cualquier causa –cardiovascular o no.

Como explica Mwenya Mubanga, director de esta investigación publicada en la revista «Scientific Reports», «un hallazgo muy interesante de nuestro estudio es que tener un perro se mostró como un factor especialmente protector en las personas que viven solas. Un aspecto a tener en cuenta dado que ya se sabe que la población que vive sola tiene un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular y muerte. Así, quizás los perros sean un importante miembro de la familia en los hogares unifamiliares».

Perro cazador…

En el estudio, los autores analizaron la evolución a lo largo de 12 años –2001-2013– de más de 3,4 millones de adultos suecos que, con edades comprendidas entre los 40 y los 80 años, no padecían ninguna enfermedad cardiovascular en el momento de su inclusión en la investigación. Y para ello, tan solo tuvieron que recurrir a sus historiales médicos –el sistema de salud de Suecia registra digitalmente cada visita al médico o al hospital de cada uno de sus ciudadanos.

Pero aún hay más. La ley sueca establece desde 2001 la obligatoriedad de ‘censar’ a todos los perros y de identificar a sus dueños, por lo que los autores contaban con todos los datos necesarios para ver si la tenencia o no de un perro influye sobre el riesgo cardiovascular y de mortalidad de una persona. Y de acuerdo con los resultados, sí, muy especialmente en el caso de las personas que viven solas.

Como destaca Mwenya Mubanga, «nuestros hallazgos mostraron que los dueños de un perro que vivían solos tenían, frente a sus homónimos no propietarios, un riesgo un 11% inferior de enfermedad cardiovascular y hasta un 33% menor de mortalidad general. Otro resultado interesante es que los propietarios más protegidos fueron aquellos cuyos perros eran de una raza originalmente criada para cazar».

Pero, ¿cómo se explica que tener un perro no solo reduzca el riesgo cardiovascular, sino que incluso aumente la probabilidad de disfrutar de una vida más longeva? Pues dado que se trata de un estudio de tipo observacional y, por tanto, no pueden extraerse conclusiones del tipo ‘causa y efecto’, no puede saberse. Pero los autores tienen varias teorías al respecto.

Como refiere Tove Fall, co-autora de la investigación, «los estudios epidemiológicos como el nuestro buscan asociaciones en grandes poblaciones, pero no responden a la pregunta sobre cómo los perros pueden proteger frente a la enfermedad cardiovascular. Sabemos que los propietarios de perros tienen por lo general un mayor nivel de actividad física, lo que podría explicar nuestros resultados. Otras explicaciones aluden a un incremento del bienestar y del contacto social. Y también a posibles efectos del perro sobre el microbioma bacteriano de su dueño».

No solo en Suecia
En definitiva, tener un perro en casa podría ayudarnos a vivir más años y con mejor salud –cuando menos cardiovascular–. Sin embargo, es posible que este beneficio no derive tanto del hecho de tener un perro como de ‘plantearnos’ tener un perro.

Como concluye Tove Fall, «también es posible que existan diferencias entre los propietarios y no propietarios de perros que ya se encuentran presentes antes de comprar el animal. Por ejemplo, que las personas que eligen tener un perro tienden a ser más activas y a tener una mejor salud. Además, y gracias al diseño de nuestro trabajo, nuestros resultados son muy probablemente extrapolables a otras poblaciones europeas con una cultura similar en cuanto a la tenencia de perros».






Insólito: Hace 20 años olvidó dónde estacionó su coche, y ahora lo encontró

El vehículo fue encontrado en un garaje en un antiguo edificio industrial que debe ser demolido. Los operarios informaron a la policía que inició la investigación para averiguar quién era el propietario.


Los agentes rastrearon el vehículo desaparecido, y descubrieron que el propietario, de hecho, había olvidado dónde lo aparcó y supuso que se lo habían robado.

Según el periódico regional alemán Augsberger Allgemein, el hombre, ahora de 76 años, fue conducido por la policía con su hija para reunirse con el automóvil. Lamentablemente, el coche ya no funcionaba y tuvo que ser desechado.

El incidente recueda a otro caso alemán, en el que un hombre se reunió con su vehículo dos años después de aparcar para ir a tomar algo en Munich. Más tarde, olvidó dónde había estacionado. Informó su desaparición y, finalmente, la policía encontró el vehículo a cuatro kilómetros de donde el hombre pensó que lo había estacionado.

A principios de este año, un hombre de Escocia perdió su automóvil después de asistir a un concierto de Stoneroses, en Manchester. Según The Independent, buscó el vehículo durante cinco días antes de darse por vencido. Denunció el robo, pero fue encontrado seis meses después, exactamente donde lo había dejado, aunque con multas de estacionamiento estimadas en más de 5.000 libras.